Para Saraí
¿No oyes el ruido de tus labios?
¿Eres sorda a tus sonidos?
El silencio te amodorra,
el verbo despiadado
te abandona
y me alcanza
desprendiendo la memoria
mientras yo,
como el sueño que se desvía
a la laringe
y se ahoga,
convertido en bestia religiosa,
te levanto
anónimo
pirámides y monumentos
para que despiertes
y te oigas
y al mismo tiempo
me invites
a gozar de tus sonidos
Pero me pides que te pierda
en el abismo
aunque insista
en el día testigo de tu sombra
Y, aunque pierda
el arrebato y entusiasmo
por tu vida
existirá siempre
alguna neurona
dispuesta
a jugarse la cordura.
Montalvo Rodolfo
Sobre las cuatro casas, 9 de marzo de 1995
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sábado, 10 de octubre de 2009
sábado, 3 de octubre de 2009
Aqui
Salir al sol
Tomar a los hijos de la mano:
El varón con el padre
La niña con la madre
No decir nada
No escuhar nada
Olvidar el vértigo de la pendiente
De lo escarpado del pavimento
Multiplicar los pasos
sobre las banquetas
Bajo la sombra fría de las marquesinas
Hacer cada quién su trayectoria
Vender la casa
ya deshabitada
Llamar a la mudanza
para llenarla con los muebles
que lunes o viernes
el sábado
incluído
la ocupaban
Ubicarse más tarde
a la sobra de un cuarto
saturado por una cama King size
con su cobija roja
cuatro almohadas con su funda
desde ese día jugar a mudarse de casa
escuchando el tedioso péndulo
Ir al autocinema
-que será después supermercado-
olvidar la película que se ha visto
y sentir que la vida
es una fotografía
con un marco de madera
tirar los negativos
colgarla sobre la pared blanca
de la existencia
desde entonces
seguir gastando rollos
mientras la radio
regurgita los sonidos.
Montalvo Rodolfo
Sobre las Cuatro Casas, 20 de abril de 1996.
Tomar a los hijos de la mano:
El varón con el padre
La niña con la madre
No decir nada
No escuhar nada
Olvidar el vértigo de la pendiente
De lo escarpado del pavimento
Multiplicar los pasos
sobre las banquetas
Bajo la sombra fría de las marquesinas
Hacer cada quién su trayectoria
Vender la casa
ya deshabitada
Llamar a la mudanza
para llenarla con los muebles
que lunes o viernes
el sábado
incluído
la ocupaban
Ubicarse más tarde
a la sobra de un cuarto
saturado por una cama King size
con su cobija roja
cuatro almohadas con su funda
desde ese día jugar a mudarse de casa
escuchando el tedioso péndulo
Ir al autocinema
-que será después supermercado-
olvidar la película que se ha visto
y sentir que la vida
es una fotografía
con un marco de madera
tirar los negativos
colgarla sobre la pared blanca
de la existencia
desde entonces
seguir gastando rollos
mientras la radio
regurgita los sonidos.
Montalvo Rodolfo
Sobre las Cuatro Casas, 20 de abril de 1996.
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