Para Saraí
¿No oyes el ruido de tus labios?
¿Eres sorda a tus sonidos?
El silencio te amodorra,
el verbo despiadado
te abandona
y me alcanza
desprendiendo la memoria
mientras yo,
como el sueño que se desvía
a la laringe
y se ahoga,
convertido en bestia religiosa,
te levanto
anónimo
pirámides y monumentos
para que despiertes
y te oigas
y al mismo tiempo
me invites
a gozar de tus sonidos
Pero me pides que te pierda
en el abismo
aunque insista
en el día testigo de tu sombra
Y, aunque pierda
el arrebato y entusiasmo
por tu vida
existirá siempre
alguna neurona
dispuesta
a jugarse la cordura.
Montalvo Rodolfo
Sobre las cuatro casas, 9 de marzo de 1995
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