a Jorge E.D.G.
Esta mañana
me voy quedando solo
un poco.
La ciudad se calla,
el Sol la levanta de sus edificios y sus torres,
la tenue Luna
le suelta los cabellos de maraña gris,
se desmenuza en los recuerdos,
se acaba en los olvidos.
Los pájaros desgreñan la atmósfera
y aclaman
con sus voces
que la ciudad se acaba,
se deshace,
del puro temor
de los Pirules conmovidos:
por mis inverosímiles aortas
desgajadas;
por tus imposibles ventrículos pasivos
saturados de vacío;
y se juzga innecesario
decir tu nombre
decir que te conozco
-¿conocí?-
Pero
inevitablemente
viven las Jacarandas
que
inevitablemente
se desbordan,
desobedecen
y se quiebran.
La ciudad enmudece:
hierve la soledad,
palpita
y se evapora,
humedece el aire,
se condensa en los ojos
y gotea para adentro
entrando muy hondo como virus
y se anega no sé dónde.
Montalvo Rodolfo
“Lugar sobre tierra”, 15 de Febrero de 1999.
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